De todas las colonias, fue Costa Rica la única donde los hispanos
tuvieron que trabajar como siervos en el labrantío de las tierras;
de no hacerlo habrían perecido. La tradición nos habla
de uno de éstos llamado Pedro, a quien todos conocían
con el mote de "El Malo", tanto por su crueldad para con los
indios, como por su manifiesta incredulidad de la que haía arde
en todo momento y ocasión.
Pedro vivía solo y al igual que sus coterráneos labraba
las tierras que le habían sido asignadas. Tenía su yunta
de bueyes con los que se ayudaba en el labrantío, así
como su carreta, más bien cureña, de eje de madera rolliza,
ruedas de una sola pieza sin aro y cuñas de madera, pero no de
la misma que el eje, no hay peor cuña que la del mismo palo y
Pedro El Malo lo sabía bien.
Eran contínuas las fiestas religiosas de aquel pequeño
poblado que crecía a la sombra protectora de su pequeña
ermita ya casi al terminarse; pero ninguna tan majestuosa, con todo
y la pobreza de la colonia, como la del quince de mayo, día de
San Isidro Labrador.
En ese día, después de la misa, se bendecían las
carretas. Y aunque pocas, todas las llevaban. Aquel día Pedro
llevó la suya, pero con malsana intención. Al efecto la
colocó distante de las otras, bien cerca de la puerta de la ermita.
Y cuando el sacerdote le pidió que la alineara donde se hallaban
las otras, Pedro El Malo le respondió que no la había
traído para que él se la bendijera pues ya estaba bendecida
por el diablo. Yo la traje, dijo, para entrar con ella a la ermita;
y al efecto trató de impulsar sus bueyes hacia el pórtico
con manifiesta intención de hacerlos avanzar. pero los bueyes
resistieron a pesar de los chuzazos que Pedro enfureciamente les daba.
Tan manifiesto sacrilegio escandalizó a los presentes y todos
trataron de impedirlo, llevándose a Pedro, pero éste,
endemoniado, hincaba más y más sus bueyes lanzando toda
clase de improperios renegando a voz en grito.
Entonces fue cuando el sacerdote echó su maldición, sobre
él y su carreta: pero salvandoa los bueyes que resistieron. "Andarás
con tu carreta por toda la eternidad" díjoles, y al instante,
en medio del terror general, los bueyes se desunieron de su carreta
y ésta salió sola, calle abajo seguida por Pedro El Malo.
Desde aquel día la carreta de Pedro El Malo, la bendecida por
el diablo y maldita de Dios, anda sola, sin bueyes que la conduzcan,
causando espanto por doquiera que pasa.
Si a medianoche oís su bien conocido "Traca, taca, tarata"
rezad el trisagio, mujeres piadosas. Y vosotras, niñas, cubríos
bien la cabeza con vuestra cobija y haced la señal de la cruz,
que es el diablo que pasa y alguna desgracia se avecina. Y vosotros,
los hombres que a medianoche andáis en alguna zanganada mienstras
solas quedan vuestras esposas en casa, cuando oigáis el "Traca,
taca, tarata" de la carreta sin bueyes, de esa carreta de Pedro
El Malo que el mismo Satanás conduce, huid despavoridos que el
diablo anda ya muy cerca de vosotros [...]
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